El sueño termina…

Para variar no pude dormir bien la noche previa al partido contra Holanda. Entre ataques de ansiedad, pesadillas y el calor de Fortaleza, las horas pasaban lentas y yo ya quería estar en el estadio. Después de despertar, Beto, Ceci y yo desayunamos nuevamente en la casa de María y Titov en Fortaleza. Si recuerdas, ellos fueron nuestros anfitriones en el partido contra Brasil y nos hospedaron en su casa. Nuestra amiga Ceci se nos unió un dia antes gracias a que unos chilenos le regalaron un par de boletos para este partido de México contra Holanda y decidió unirse a nuestra aventura. Teníamos un boleto de sobra y como ese boleto vino de una obra de buena voluntad, decidimos que terminara en buenas manos así que invitamos nuevamente a Titov al encuentro.

Tomamos un camión a la Arena Castelao y Titov me explicó el origen del nombre del estadio. En Fortaleza existen dos equipos de fútbol: el equipo de Ceará y el equipo de Fortaleza. En 1950 el Fortaleza ganó el campeonato brasileño y esto fue todo un suceso ya que nunca los equipos del norte le ganan a los equipos del sur de Brasil. Los equipos del sur tienen mucho dinero, entre ellos el Flamengo, Corinthians, Fluminense, etc y ese campeonato marcó una época. Dentro de ese equipo del Fortaleza el mejor jugador llevaba por apellido Castela y en su honor nombraron así al estadio mundialista. Para variar yo manejaba una ansiedad terrible camino al estadio, me tranquilizó un poco ver que habían mucho mas mexicanos que holandeses. Otra cosa que me estaba preocupando era el clima, teníamos un sol asqueroso con unos 35 grados centígrados y 70% de húmedad. Tuvimos que romper el ritual de la cerveza antes del estadio para hidratarnos con mucha agua, ya que el clima no sería nuestro amigo en el partido.

Ceci se fue con Titov a sus asientos y mi compañero de partido era Beto. Teníamos buenos asientos por la portería inicial de Ochoa, el único problema era que no estábamos en sombra y así estaríamos todo el partido. Esperamos cerca de una hora en nuestros lugares para empezar a cantar el himno y posteriormente escuchar el silbatazo inicial. La vibra en este partido era diferente, todos sabíamos que era el partido más importante al que habíamos asistido. Le escribí a mis amigos y familiares en México prometiéndoles que dejaría todo en ese partido, había que apoyar más que nunca al tri. El primer tiempo estuvo lleno de nervio y no recuerdo haber visto alguna jugada importante más que un derechazo de Herrera que pasó besando el palo derecho del portero holandés. Al medio tiempo Beto y yo estábamos empapados en sudor por el clima y por primera vez en el mundial decidímos comprar agua en lugar de cerveza.

“Hay que hidratarnos, hoy hay que dejarlo todo”, era lo que Beto y yo nos decíamos en los túneles del estadio. Regresamos a nuestros lugares infernales y el segundo tiempo comenzó. Era muy raro ver que casi nadie había regresado a sus lugares en la sección donde estábamos, la mayoría de la gente decidió quedarse en los pasillos con sombra. Pasaron algunos minutos y en una jugada rápida, Gio Dos Santos se escabulle entre dos defensas y pega un zurdazo que se mete a la portería de Holanda. Beto y yo gritamos el gol y sacamos toda la presión que traíamos, después del grito me senté en mi butaca, me puse las manos en los ojos y tiré lágrimas como niño desconsolado. Los brasileños de junto me daban palmadas en la espalda y se sentían mexicanos con el festejo. Después de recuperar la compostura, decidí quitarme la playera y ponérmela en la cabeza, empezaba a pesarme demasiado el clima. Con los gritos y emociones comencé a sentirme mareado y débil, seguí tomando agua esperando sentirme mejor. No lo podíamos creer, estábamos cerca del siguiente partido y yo no paraba de mirar al cielo y pedir que pudiéramos completar la hazaña.

En la recta final del juego, se cobró un tiro de esquina y en un rebote, Holanda nos empató. Era lo único que me faltaba para sentirme peor, con la mirada al suelo no podía creer lo que estaba pasando. Creo que ese gol me destruyó, mis manos empezaron a dormirse y en ese momento me di cuenta que estaba sufriendo de un golpe de calor. Juré que iba a desmayarme, pero había que quedarnos hasta el último. Unos minutos después se marcó el penalty en contra de nosotros y el gol por pena máxima estaba destruyendo nuestra ilusión y nuestro sueño. Le dije a Beto que tenía que ir por un refresco, ya que estaba a nada de desmayarme, sigo sin saber como encontré fuerzas para subir las gradas. Llegando a un puesto de refrescos, pedí una coca, me tire al suelo y me la tomé de un solo trago. Acostado en el piso solo estaba esperando un grito milagroso cantando un gol mexicano, escuché el silbatazo final y tiré mi última lágrima en Brasil.

No había tiempo para llorar más la derrota, teníamos que apurarnos ya que teníamos que desplazarnos en auto aproximadamente 600 kilómetros para agarrar el vuelo de regreso. Titov y su amigo Jimmy, decidieron ofrecerse como voluntarios para llevarnos en su auto y recorrer esos 600 kilómetros al aeropuerto de Natal. El viaje fue largo y pesado, la carretera estaba en pésimas condiciones y honestamente no pude dormir nada en el camino, pasaban tantas cosas por mi cabeza. Titov y Jimmy se lucieron con la manejada y cual Ayrton Senna se convirtieron en nuestros nuevos héroes ya que después de unas 7 horas llegamos al aeropuerto de Natal. Nos despedimos de ellos con un abrazo y les dijimos que si no fuera por ellos, nunca hubiéramos podido llegar a Natal. Beto y yo nos despedimos de Ceci, le dimos las gracias por todas sus atenciones y ayuda, fue en ese momento cuando nuestro viaje estaba llegando a su fin. Con escalas en Sao Paulo y Miami, logramos regresar a México y Beto y yo nos despedimos en el sitio de taxis de la terminal 1 del aeropuerto. Nos dimos un abrazo y de esa manera estaríamos cerrando un capítulo que nunca olvidaríamos.

Muchas gracias a todos por seguir el blog, la experiencia de vivir un mundial es increíble y la recomiendo a todo mundo. Alguien especial me dijo que los viajes son para aprender y definitivamente aprendí en este viaje que si actúas de buena forma, eventualmente todo se te recompensará. Quiero agradecer a mis amigos de aventura Beto y Toño por los esfuerzos a los largo de el último año y las increíbles aventuras que vivimos. A nuestras familias por apoyarnos en todo momento. También a Ceci, Miguel Angel Brito y Cynthia por hospedarnos en sus casas y tratarnos como verdaderos reyes. También agradecimientos a las niñas 1, 2 y 3 por aceptarnos en su casa en Fortaleza y a Maria y Titov por demostrarnos lo amables que pueden ser las personas brasileñas. Quisiera terminar esta última publicación con las siguientes 39 recomendaciones para aquél que vaya a viajar a una copa del mundo en el futuro.

39 RECOMENDACIONES SI PIENSAS IR A UN MUNDIAL

1. Compra con tiempo tus vuelos, yo sugiero justo cuando se realice el sorteo de grupos de FIFA.
2. Viaja ligero, en ocasiones el viajar con una sola maleta te ahorrará tiempo en aeropuertos.
3. Nunca confíes en un hostal, de preferencia reserva en hoteles serios.
4. Prepara tu paciencia, habrá multitudes y deberás hacer fila para todo.
5. Compra un cojín de cuello para dormir en los vuelos, tu espalda te lo agradecerá.
6. Si no conseguiste boletos a través de la FIFA, no te angusties ya que hay maneras fáciles y baratas de conseguir boletos en páginas de internet como viagogo.com o en los estadios.
7. Nunca de los nuncas confíes en un mexicano revendiendo boletos.
8. Al mundial no vas a turistear, vas a ver fútbol.
9. Trata de asistir a partidos de otras selecciones, la pasión por el fútbol se vive muy distinta en otros países.
10. Lleva playeras extra para intercambiar con personas de otros países.
11. Lleva un buen botiquín médico, el cuerpo reacciona muy mal después de beber diario durante dos semanas.
12. El alka seltzer boost será tu mejor amigo.
13. Al mundial vas a ver fútbol, no a comprar souvenirs.
14. Grita como nunca un gol en el estadio.
15. Se vale llorar al cantar el himno nacional.
16. Saluda a todo compatriota que veas en la calle, nunca sabrás si el extraño de enfrente puede ayudarte de alguna manera.
17. Si tienes boletos extra, evita excederte con los precios de reventa, muchas personas ahorran por años para ir a un mundial y se vale ayudarlos.
18. Siempre sigue a las multitudes, aunque no sepas a donde vayas, llegarás a un lugar seguro.
19. Visita el fan fest.
20. Evita viajar ebrio en avión.
21. Trata de documentar al menos un par de botellas de buen alcohol en tus maletas.
22. Ve a un buen bar a ver partidos, te sorprenderá lo agradable que es ver fútbol con gente de otros países.
23. Activa un plan telefónico de datos para el extranjero, es vital en caso de perderte.
24. Ayuda al compatriota necesitado, tu puedes estar en la misma situación.
25. Si tu equipo gana, sé un buen ganador.
26. Si tu equipo pierde, sé un buen perdedor.
27. Evita riñas fuera del estadio, tu viaje puede arruinarse.
28. Nunca llegues ebrio a un partido, siempre querrás acordarte de todo momento de la experiencia.
29. Se vale embriagarse hasta que termine el juego.
30. Procura ir al mundial estando soltero.
31. Ponle tu nombre a la playera que lleves al estadio.
32. Lleva cámara o celular al estadio, hay imágenes que valen la pena guardar.
33. Durante el juego, solo vale ir al baño en medio tiempo, es mejor perderse los primeros minutos del segundo tiempo que los últimos del primer tiempo.
34. Si tu equipo pasa de la fase de grupos, quédate al cuarto partido.
35. Procura tomar mínimo un vasito de agua al día.
36. El agua de coco es el mejor aliado para la cruda.
37. Prepárate para subir al menos unos 5 kilogramos.
38. Revisa constantemente las reservaciones de tus vuelos, hay probabilidad de que los cambien sin que seas notificado.
39. Por último… déjalo todo en el viaje, nunca te arrepentirás de una experiencia como esta.

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Una noche antes de hacer historia…

Después de regresar de Recife, lo único que pensaba era el cuarto partido de Médico. Honestamente creo q no disfrute los últimos días en Sao Paulo por esta razón y todo lo que implicaba. Muy en el fondo sabía que el sueño había llegado a su fin pero no quería quedarme con las ganas de vivir lo que probablemente sería el partido más importante de mi vida.

No quiero aburrirte con la historia de como conseguí boletos para volar de Sao Paulo a Fortaleza, es un hecho que era prácticamente imposible conseguirlos. Tampoco quiero aburrirte con la forma en que una brasileña nos “regaló” sus boletos para que pudiéramos venir y mucho menos el problema que involucra faltar al trabajo un día y cambiar todos mis vuelos a México. Hoy solo quiero ser corto, pleno y mexicano, si llegaste a disfrutar de este blog vamos a dejar todo mañana. Hay quienes creen que nos quedaremos en el “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, yo no soy uno de esos, mi forma de ser no es así.

Hoy escribo ansioso, nervioso y con ganas de cambiar la historia. Pase lo que pase mañana, sabré que en 40 años, recordaré el día en que cambié todo por apoyar a la selección. Vamos México!

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El día que 30 mil mexicanos le callamos la boca a Modric.

Después de una angustia terrible y no dormir absolutamente nada bien, el día que determinaría la historia de México en Brasil llegó: 23 de junio, México en contra de Croacia. Llegamos el mismo día a Recife, cerca de las 11 AM, el juego empezaría a las 5 pm así que relativamente teníamos mucho tiempo de sobra. Nos instalamos en nuestro hotel y pudimos ver a varios croatas hospedados, recuerdo que uno le dijo a Toño: “yo no soy Kovac, así que te deseo suerte en el partido”. Podía oler el miedo que tenían, ya que el hotel estaba lleno de mexicanos y no paraban de desfilar playeras del tri en las calles. Después de un almuerzo mediocre nos aventuramos en el metro de la ciudad de Recife, ya que al parecer era la manera más sencilla de llegar al estadio. Aunque llevabamos cerca de 4 horas de anticipación, yo mantenía una angustia mezclada con nerviosismo brutal, hoy era el día en que ibamos a dejar todo en la cancha.

Al llegar a la estación del metro, me encontraba confundido, no sabía si estaba en la estación 4 caminos en un dia laboral a las 6 pm. La estación Recife estaba inundada de mexicanos y los canticos en contra de los croatas no paraban, compramos nuestro boleto y entramos a un tunel en donde esperamos cerca de 10 minutos en lo que nuestro tren llegaba. Se abrieron las puertas del vagón y sin pensarlo nos aventamos para no perder ni un minuto más, los locales estaban impresionados con la cantidad de compatriotas que eramos. Tardamos cerca de 25 minutos en llegar a la estación donde unos camiones nos esperaban, para ese momento yo ya estaba sudando, la temperatura estaba cerca de los 30 grados centígrados y una humedad del 85% aproximadamente. Subimos a los camiones que nos dejaron en medio de una especie de jungla, caminamos cerca de 10 minutos y escondida, entre algunos cerros se encontraba la Arena Pernambuco.

Con cerca de 2 horas de anticipación ya estabamos en nuestros asientos y las nubes amenazaban con un diluvio como el que vivimos en Natal. Con tiempo fui a buscar a mi buen amigo Iván Cruz en otro sector del estadio, al momento de encontrarlo chocamos vasos desechables y nos dimos un abrazo. También vi a su hermano Christian, ambos son grandes aficionados del fútbol y sabía perfectamente la alegría que ellos estaban viviendo. Después de compartir una que otra historia del viaje, nos abrazamos nuevamente y regresamos a nuestros lugares para empezar con la ya tradicional ceremonia de inicio de partido. Con las mismas sensaciones de los partidos anteriores, ya estabamos listos para ver probablemente el mejor partido en vivo de nuestras vidas. Con un primer tiempo tenso, no veíamos un dominio claro de nuestro equipo, todo lo contrario. Los croatas tenían la pelota pero nosotros teníamos la ventaja de que con un empate pasábamos a la siguiente ronda. Sin mucho que destacar terminó el primer tiempo y fuimos a recargar municiones etílicas.

El segundo tiempo inició y mis nervios se dispararon al 300%. Eventualmente se cobraría un tiro de esquina y brincando como en sus mejores tiempos en el Barcelona, Rafael Márquez se levantó y cabeceo a gol. No me cansaré de recordar ese gol, nos abrazamos junto con los mexicanos de alrededor. Los gritos de alegría de todos los compatriotas nunca se silenciaron, cerca de 10 minutos después gracias a una gran jugada de “Chicharito”, caería el segundo tanto con un remate sólido con la zurda de Andrés Guardado. Me dolió la cabeza por el festejo, lo dejé todo con el grito, sabía que con este marcador estábamos en la siguiente ronda.

No te he platicado, pero había algunos brasileños que fueron a ver el partido y me molestó su actitud. Algunos llevaron televisión portátil para ver el partido de Brasil en contra de Camerún que se estaba jugando a la misma hora, no tengo nada en contra de ellos pero no encuentro justo que algún mexicano se perdió la oportunidad de entrar al juego para que estos amigos entraran al estadio a ver un partido por televisión portátil. Lo que derramó la gota de mi paciencia fue que intentaron armar una porra brasileña en las gradas, en ese momento aventé mi cerveza a este par de insolentes y les grité que se fueran a ver su partido a un bar. Entendieron que no era ni el momento ni el lugar para festejar sus goles, así que no volvieron a festejar ningún gol brasileño. Después de mi ataque de ira, con un nuevo tiro de esquina, “Chicharito” Hernández nos daría el 3-0. No había más que pedir, todos sabíamos que el partido estaba resuelto y Holanda sería el siguiente rival. Nos anotaron un gol con una jugada exquisita, nadie lo celebró, el silbatazo final se escuchó y entre abrazos y gritos salimos a los túneles.

Ya en los túneles los festejos desmedidos y porras acabaron con mi voz. No quería pensar en nada más que gritar una y otra vez que los croatas no pudieron con nosotros. Las celebraciones en estos túneles duraron cerca de una hora y habiendo concluido el último partido de México en la fase de grupos, el croata Luka Modric sintió lo que 30 mil mexicanos le contestamos después de escuchar sus declaraciones que ellos eran mejores. Sin más por festejar en el estadio, regresamos al metro y continuamos la fiesta en un bar hasta las 3 AM aproximadamente con Iván Cruz. El sueño mundialista estaba llegando a su fin y me sentía completo por todo lo que viví.

Al día siguiente amanecimos con una resaca de las que te sientes orgulloso por tener. Fue en eso momento cuando Beto me dijó:

“¿Y si nos quedamos al cuarto partido?”

Como siempre muchas gracias por seguir el blog, no sé si el sueño mundialista continúe, no te pierdas la siguiente publicación con la reseña de nuestro partido en Sao Paulo, así como la decisión tomada por el cuarto partido en contra de Holanda.

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Rio de Janeiro, Maracaná y las rivalidades latinas.

Nuestro último dia en Fortaleza estuvo lleno de convivencia con los locales. En la casa donde nos quedábamos, organizamos una fiesta en la alberca con una carne asada. El hijo de la dueña de la casa lleva por nombre Titov y nos ayudó a organizar todo y terminó invitando a unos amigos y amigas locales. Todo el día se resume en caipirinhas, carne asada, plática del partido en contra de Brasil, asi como intercambio de historias con nuestros amables anfitriones. Algo que olvidé mencionar en la publicación anterior es que las niñas 1,2 y 3 tenían un boleto adicional para el juego. En forma de agradecimiento, decidieron llevar a Titov al juego y creo que nunca pensó que terminaría viendo el juego en vivo. Nos despedimos de María, dueña de la casa y de Titov, sus palabras fueron:

Gracias por la playera, gracias por el boleto, gracias por todo, mi corazón es más mexicano a partir de ahora.

Tomamos un taxi y eventualmente un vuelo para regresar a Rio de Janeiro. Las experiencias en Rio fueron completamente distintas a lo vivido en días anteriores, ya que es una ciudad 100% turística. Si a esto le sumas fútbol, tienes una receta para pasar buenos momentos. Tuvimos oportunidad de visitar las atracciones turísticas locales: El Cristo de Corcovado y el Pan de Azúcar. Creo que nunca se repetirá lo que vivimos en ambos sitios, ya que los turistas llevaban puestas las playeras de sus equipos. Podías estar junto a un grupo de uruguayos con mantas y al dar vuelta encontrarte con un grupo de españoles o chilenos tomándose fotos. Podías escuchar en las filas historias de fútbol, apreciaciones de partidos y pronóstico para resultados de los siguientes encuentros. “Seremos campeones”, decía un grupo de chilenos, “A Chile se le acabará la suerte”, exclamaba uno que otro argentino. Entre tanta plática mundialista, las largas filas se sintieron cortas y me quedaba claro que solo un mundial te puede dar a conocer historias en una fila.

La vida nocturna en Rio es brutal y nos dejamos llevar por la buena vibra. Tuve oportunidad de hablar con unos colombianos que me explicaban las rivalidades en Sudamérica. El principal enemigo en estos rumbos es el argentino, al parecer todos opinan que siempre mantiene una actitud de arrogancia y es mal perdedor. En lo personal yo he conocido argentinos que son buenas personas, pero al parecer al momento de hablar de fútbol no son muy queridos en estos rumbos. Para conocer el otro lado de la moneda, platiqué con un hincha argentino solo para saber su forma de ver la rivalidad en Sudamérica. Sus primeras palabras fueron “nadie nos quiere aquí”, el tiene claro que no son los más amigables y que la rivalidad más fuerte es y seguirá siendo con Brasil. También opinó que la actuación de Chile era un destello de suerte y que se les apagaría en la siguiente ronda. Mostró gran respeto por los mexicanos y opinaba que eventualmente tendríamos que hacer cosas grandes en los mundiales, nos despedimos y un par de horas más tarde lo encontré tirado en una mesa con una borrachera de muerte.

La gente en Rio es atlética y siempre podrás encontrar a alguien haciendo ejercicio en la playa. Hay mucha cultura del ejercicio entre los cariocas y así como puedes ver corriendo a un abuelito en la playa, podrás toparte con mujeres jugando volley-fut como verdaderas campeonas. Ojalá en México pudiéramos presumir de esto, es difícil poder compararnos con ellos pero me queda claro que hay muchas diferencias entre ellos y nosotros. Habiendo recorrido las playas de Ipanema y Leblón, por fin estábamos listos para cumplir un sueño más: ver un partido en el legendario estadio Maracaná.

Rusia-Bélgica: un partido para el recuerdo.
Tomamos temprano un taxi el día del juego y se podía ver que Beto, Toño y yo estábamos más que emocionados. Al llegar al estadio podías ver a uno que otro aficionado dispuesto a comprar boletos en reventa, el único precio que escuche fue de $500 USD para comprar un boleto. La organización en este estadio era bastante buena, casi no encontrabas filas para nada y el acceso fue relativamente rápido. Beto tuvo que ir a otra sección del estadio para encontrarse con otro amigo, mientras que Toño y yo seríamos nuevamente compañeros de estadio. Aplicando el ritual de la cerveza antes del partido, pudimos ver gente de todos lados en los pasillos. Evidentemente había mucha afición Rusa y Belga, yo en lo personal tenía muchas expectativas de ver como los rusos apoyaban a su equipo, si hay alguien más loco que un mexicano, debe de ser un ruso.

Salimos de los túneles de acceso y la imagen era impresionante, por fin en el Maracaná. Es un estadio con capacidad para 90 mil personas y era un hecho de que lo veríamos lleno. Independientemente de esta experiencia, creo que no le llega a un estadio azteca lleno, pero no cabe duda que impone. Tomamos nuestros lugares detrás de la cabecera del portero de Bélgica, Curthois. Para nuestra fortuna nos tocó estar junto a afición rusa, en su mayoría jóvenes y uno que otro adulto con barriga chelera. Les dio gusto ver a unpar de mexicanos dispuestos a apoyar a Rusia, nos decían: “este juego es clave, si no ganamos nos vamos a casa”. Pasaron unos minutos y empezó a entonarse el himno de FIFA FAIR PLAY. Me gusta demasiado esta canción, tanto que pienso ponerla cuando entre a la iglesia en mi boda. Los jugadores se formaron y los himnos se escucharon en el estadio, me quede pasmado con la forma de cantar por parte de los rusos. Tengo la tarea de encontrar una traducción de su himno por que de verdad que se me enchinó la piel cuando cantaron. Después de esta bonita experiencia, se escucho el silbatazo inicial y el partido comenzó.

La forma de vivir un partido por parte de un ruso está llena de pasión. Estos amigos tienen como 4 o 5 porras que al parecer son características durante sus juegos, la verdad es que no tenia idea de lo que gritaban pero Toño y yo gritábamos de acuerdo a lo que “entendíamos”. Algo que me gustó mucho es que gritan porras a otro sector de rusos y ellos contestan con la misma porra. Estoy seguro que en la transmisión del partido en televisión, se pudo escuchar más de una vez el grito de “¡RUSSIA, RUSSIA!”. Al parecer entre uno de esos momentos de grito y brinco con estos amigos, Toño y yo salimos en la transmisión del partido, si tienes curiosidad de vernos te invito a que busques el minuto 59 del partido en youtube. El partido estaba muy cerrado con una posesión de balón del 50%-50%, de repente hubo un desborde por izquierda y con una buena jugada de penetración al área junto con la famosa “diagonal de la muerte”, Bélgica estaría anotando el 1-0. Nuestra sección se quedó en silencio por el resto del juego y Toño y yo nos sentíamos tristes por nuestros nuevos amigos. El partido terminaría de esta manera, junto con esta bonita experiencia, la salida del estadio fue rápida y eventualmente nos encontraríamos con Beto en un semáforo. Nos contó que estaba pegado a la sección de belgas (en el buen sentido de la palabra) y que la pasó bastante bien, caminando con el resto de la gente que salía del estadio pudimos tomar un camión que nos llevaría de regreso al departamento en Leblón. Nos fuimos temprano a la cama ya que al día siguiente estaríamos tomando un vuelo rumbo a la última sede en etapa de grupos para México: Recife.

Mi respuesta para FIFA sobre su inconformidad con el grito mexicano: “puto”.
Me resulta increíble que FIFA se esté preocupando por este tipo de cuestiones en el mundial. Este grito representa nuestra identidad futbolera y se ha vuelto famoso ya en varios países, no representa ninguna ofensa y aquél que se sienta ofendido no entiende lo que el fútbol representa para nosotros. En lo personal creo que FIFA tiene que preocuparse por otras cuestiones como lo es el mal uso de los boletos para personas con sillas de ruedas o discapacidades. En caso de que no lo sepas, se destinaron algunos boletos y secciones para personas con estas características y no he parado de ver el mal uso que se le está dando. Muchísima gente fingía lesiones o discapacidades para entrar al estadio con estos boletos y entrar con sillas de ruedas o muletas. Supe de dos casos en los que la gente tuvo que conseguir alguna muleta o silla de ruedas para poder hacer “válido” su ingreso. Obviamente al ver a otra persona en muletas dentro de los estadios, yo dudaba mucho que en realidad la necesitaran. Se coló una foto en redes sociales de una brasileña que “milagrosamente” se levanta de su silla de ruedas durante el partido Brasil-México. No estoy de acuerdo con las injusticias y esto claramente lo es y me expreso de esta manera ya que muchos aficionados como yo, sufrieron y batallaron por conseguir boletos de manera correcta. En conclusión, le escribo “eeeeee puuuutooooo” a las personas de FIFA para que sepan que hay otras cosas más importantes por revisar, antes que un mero grito de pasión futbolera.

Gracias por seguir el blog, actualmente me encuentro en sala de espera para el vuelo a Recife. En la próxima publicación te contaré las experiencias del México-Croacia y todo lo que viviremos en las siguientes 48 horas.

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México-Brasil y el día que Fortaleza fue tomada por mexicanos

Después de los festejos desmedidos en Natal, partimos a Río de Janeiro con nuestros segundos anfitriones: Miguel Angel Brito y su esposa Cynthia. Quiero agradecer por las atenciones que tuvieron con nosotros y la mini turisteada por Ipanema y Leblón. Durante dos días nos recuperamos y descansamos, lo único que hicimos fue tratar de comprar boletos en reventa para el partido de Argentina en contra de Bosnia. Afuera del estadio Maracaná había cientos de argentinos buscando algún revendedor, casi ninguno tuvo éxito y tuvieron que ir a otro lugar para ver el encuentro.

Decidimos ir al fan fest en Copacabana para conocer como se vivía un partido en esa fiesta. Toda la playa estaba llena de argentinos, en realidad no es un lugar cómodo para ver un partido, pero es parte de la experiencia mundialista. A estas alturas ya traíamos a 3 integrantes más en el equipo, para cuidar sus identidades las llamaré niña 1, 2 y 3. Este trío de señoritas manejan toda la actitud mundialista y fue fácil llevarnos bien, ellas son amigas de Cynthia y también se quedaban en el departamento con nosotros.

Sin muchas historias por contar en Rio, partimos a la segunda sede de la selección: Fortaleza. Llegamos aproximadamente a las 3 AM a nuestro hostal con la esperanza de descansar para el partido de la tarde. Al llegar a la recepción me dieron a entender en un “portuñol” que habían sobrevendido las habitaciones y no había lugar para nosotros, en ese momento se nos vino el mundo abajo y teníamos que buscar donde dormir. Agregué un nombre más a mi listado de enemigos, el dueño nunca me dió la cara y que bueno que no lo hizo, yo estaba dispuesto a asesinarlo. Afortunadamente nuestras amigas (niñas 1,2 y 3), rentaron una casa y muy amablemente nos recibieron, de no ser por ellas probablemente hubieramos dormido en la playa. No pude dormir mucho por el coraje del hostal y el nerviosismo del partido.

17 de junio: el día que nos robaron el “puuuuutoooo”
Desperté temprano por la emoción del partido y Beto, Toño, Daniel y yo tomamos un camión rumbo a la Arena Castelao. En el camión había puro brasileño amigable, con cánticos de sus equipos locales nos daban a entender lo contentos que estaban por tener un partido de estas dimensiones. Me dió gusto ver que a pesar de ser rivales, había un sentimiento de hermandad en ese camión. Bajamos del camión, tomamos un par de cervezas y entramos al estadio con una emoción que no puedo describir. Beto y Daniel tenían asientos separados, Toño y yo tuvimos que ir por nuestro lado y la sorpresa al llegar a nuestos lugares fue inmensa. Estábamos justo atrás de las bancas y pudimos ver la salida de todos los jugadores, recuerdo que Diego Reyes me saludó al igual que Peláez, no podía creer la experiencia que estaba viviendo.

El estadio estaba completamente pintado de amarillo, había mucho mexicano pero no teníamos como compararnos contra ellos. Compramos unas cervezas antes de los himnos y nuevamente dejé todo al cantarlo. Ya en mi asiento confieso que tiré un par de lágrimas por todo lo que ese momento significaba, estaba demasiado emocionado. Se escuchó el silbato y el partido comenzó con un estruendo de gritos y aplausos. No pienso resumirte el partido, seguramente ya viste repeticiones de todas las atajadas de Ochoa y la buena actuación de todo el equipo en general. Los aficionados locales se veían frustrados y esa frustración la demostraron robandonos el ya tan característico grito para el portero cuando despeja: “puuuuutoooo”. La guerra de gritos fue impresionante durante el juego, yo mantuve un nivel aceptable de cervezas pero grité como si el mismo diablo se me hubiera metido. Se escuchó el silbatazo final y entre abrazos con Toño y con uno que otro mexicano, estábamos rescatando un empate que sabía a victoria pura. Le di la mano a todos los brasileños a mi alrededor en señal de respeto, al final ellos también se dieron cuenta que el mexicano es 100% pasión y era algo que nos aplaudieron.

Entre gritos de “México, México” y “Brasil, Brasil”, salimos del estadio. No se en que momento Beto, Daniel y Toño se me perdieron y sin darme cuenta segui caminando con un grupo de mexicanos que iban a la fiesta en la playa. Dentro de la multitud me encontré a las niñas 1, 2 y 3 festejando y decidimos tomar un camión rumbo al fan fest. En el camión me transformé y en un duelo de cánticos con los brasileños, el viaje a la playa se pasó rápido. Al llegar a la playa como por obra de magia vi a Toño y a Beto en lo lejos y como de novela corrimos y nos abrazamos. La fiesta continuó durante horas, lo único que veías eran mexicanos besando a brasileñas y uno que otro borrachín tirado en la calle con su bandera mexicana. El cuerpo no daba para más, tomamos un taxi y como torero saliendo del ruedo fui llevado a mi cama. Esa noche dormí con una sonrisa de oreja a oreja, no quiero olvidar nunca ese día.

Muchas gracias por seguir el blog, en la siguiente publicación te contaré sobre nuestro regreso a Rio y la experiencia de ir a un partido en el increíble estadio Maracaná: Bélgica-Rusia.

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Las fotos pendientes

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Vuelo Miami a Sao Paulo

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Beto, Emmanuel, Daniel, el Cuau y Toño. Justo después del partido. Natal.

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Intercambio de playeras con un italiano en el Inglaterra-Italia. Bar Picanha Gaucha, Natal.

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Daniel, Emmanuel, Toño, Beto, Antonio De Tavira. Pizzería, Natal.

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Festejo en Arena Das Dunas. Natal

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Primer cerveza en Arena Das Dunas. Natal

20140616-110537-39937507.jpgLágrimas y gritos en el festejo en Arena Das Dunas. Natal

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3 días, 3 fiestas y 3 crudas.

Las publicaciones anteriores han estado muy enfocadas en cuestiones deportivas. Sé que hay muchas personas preguntando por las fiestas que nos hemos metido en tierras brasileñas, así que los siguientes relatos son para ti que tienes mente morbosa. Espero disfrutes leer las siguientes líneas mientras yo escribo con una cruda espantosa de 3 días de fiesta.

Fiesta en Sao Paulo

Te platiqué que fuimos a un bar llamada “La Fiesta” y la hermosa abundancia de mujeres hermosas en el lugar. Terminando el partido, Ceci, Beto, Toño y yo nos dimos lo que en México apodamos con el nombre de una “turbochela”. Ya estábamos un poco enfiestados cuando nuestra querida anfitriona decidió que era buena idea pedir 4 shots de whisky para acelerar la fiesta. Para esos momentos ya estábamos platicando con unas damitas y discutíamos si México le ganaría a Brasil. No aflojaron con el marcador y creo que apostamos algo cuando regresáramos de nuevo a Sao Paulo. Según Beto, la peor idea para ese día era embriagarnos ya que teníamos un vuelo por la noche. Pues si, efectivamente fue una mala idea porque ya los 3 traíamos una fiestota y ni las luces de que era momento de irnos. Creo que Beto me jaló de la oreja y me dijo “vámonos”, fue ahí cuando nos despedimos de nuestras nuevas amigas y nos fuimos caminando al depa de Ceci.

En la caminata íbamos gritando y celebrando como si el triunfo fuera nuestro. Mucha gente nos tocaba el claxon y eso solo nos daba más ánimos. Pedimos un taxi al llegar al depa de Ceci, le agradecimos cada uno dándole un abrazo (tranquilo amigo Pablo, abrazo de amistad) y nos fuimos rumbo al aeropuerto. Recuerdo que íbamos hablando con el taxista del partido, el claramente se dio cuenta de nuestro estado etílico porque me dio a entender que teníamos que tomarnos un café si queríamos tomar nuestro vuelo, ya que con nuestro aliento de cerveza Brahma nunca nos dejarían pasar.

Al llegar al aeropuerto y dejar las maletas, fuimos atendidos por un trabajador gay de la aerolínea TAM. Por cuidar las identidades, no diré quién consiguió un trato preferencial al hablarle bonito, pero eso nos ayudó a que no hubiera ningún problema con nuestro pase de abordar. Una vez que Beto terminara de cortejar al trabajador, pasamos a sala de espera y ahí nos encontramos con su primo “Lucho”. Platicamos un poco de su vuelo y decidimos irnos a nuestra sala de espera para tomar el vuelo rumbo a Natal. Nuestra condición etílica no había bajado mucho y llegando a la sala nos encontramos con el ex futbolista Carlos Hermosillo. Nos tomamos una foto con el y bajo mis condiciones de alcohol le dije: “tu fuiste un chingón”. Su respuesta para el grupo de jóvenes ebrios fue: “Pues cuiden sus cosas chavos”, en el fondo entendimos que lo que realmente nos quiso decir fue “que buena fiesta traen”.

El avión era un verdadero congal. Se escuchaban gritos y porras para Hermosillo, chiflidos a las aeromozas y comportamientos característicos del buen mexicano. Me dormí todo el viaje y amanecí con una cruda inmensa, junto con una falta de sueño brutal.

Arena Das Dunas y la historia del “entambado”

No es ninguna novedad que ir al estadio involucra una buena fiesta. Había mucho mexicano ahogado en alcohol cantando el cielito lindo. Al terminar el partido se armaron los cánticos en los pasillos. El ya famoso “¿Y dónde están y donde están?” se escuchaba con todo, “México, México” y “Brasil va a probar el chile nacional” se dejaron venir también. Recuerdo estar en medio de una bolita como de 80 mexicanos cuando empecé con el grito de “Oribe, Oribe, Oribe” y un chavillo como de 18 años salió de la nada con un cartonsito con la cara de Oribe. No sé ni como o porqué pero no lo pensé ni un segundo y en menos de un parpadeo lo cargué y lo empezamos a aventar como novio de boda. No sé que habrá pasado con el ya que la gente se lo llevó en brazos.

Afuera del estadio estaba lleno de gente ebria gritando como locos. Empezamos a caminar para buscar algún lado donde continuar la fiesta y justo debajo de un puente, con gorra y chamarra cubriéndose la cara, estaba escondido el grandísimo Cuauhtémoc Blanco. Hablaba por teléfono para que pasaran por el, sin hostigarlo le pedimos una foto y le dimos las gracias. Seguimos caminando y eventualmente dimos con una pizzería para poder ver el partido. Para este momento ya éramos 5 los integrantes de la fiesta, Daniel Vazquez y Antonio De Tavira.

La pizzería era un caos, no había comida para tanto mexicano y lo único que te daban era cerveza. De pronto un mexicano llego como con 7 pizzas que compró en un lugar cercano y las puso en su mesa, sin darse cuenta otro mexicano más vivo robó un par de esas pizzas y a nosotros nos regaló una. La devoramos en 5 segundos y terminamos de ver el partido de España en contra de Holanda. El cuerpo no daba para más, la lluvia nos apagó y solo queríamos una regadera caliente, fue entonces cuando decidimos ir al hotel.

Cerca de la 1 AM, el primo de Beto llegó al hotel y nos pudimos dar cuenta por los gritos. Junto a el venían dos amigos más y traían una fiesta endemoniada. Nos contaron que uno de ellos fue atrapado por la policía al hacer del baño en vía pública, eventualmente terminarían en la cárcel local y ya que se les bajó su fiesta pudieron salir con una multa de 136 reales. Seguimos con la fiesta cerca de las 6 AM cantando una y otra vez “brasileño brasileño, que amargado se te ve, Hugo Sanchez fue más grande, fue más grande que Pelé”.

La fiesta del día siguiente comenzó cerca de las 2 pm en la playa de Punta Negra en Natal. Llegamos a un bar para ver toda la jornada de partidos de ese día. Por ahí del segundo tiempo del Uruguay-Costa Rica se nos unieron Daniel y Antonio. En el bar estaríamos tomando con gente de Bélgica, Colombia, USA, Italia, Inglaterra, Noruega y por supuesto uno que otro mexicano más. La fiesta se salió de control durante el Inglaterra-Italia y recuerdo que pedí rondas de tequilas con mis nuevos amigos noruegos. Me enseñaron el cántico tradicional de su selección y estuvimos cantando por bastante tiempo. Un belga loco organizó varias veces el ya famoso “eeeeeeeee puuuuuuto” y las colombianas cantaron el cielito lindo, no se como pero eventualmente una de ellas mostraría unos calzones de Colombia que traía puestos. Los meseros del bar estaban como locos tomando fotos de esas escenas, no sé si estaban asustados pero definitivamente nunca esperaron que eso se transformaría en una verdadera locura.

Fue así como terminó el tercer día de fiesta por ahí de medianoche. Nuevamente nos tocó despertarnos temprano para tomar el vuelo a nuestra siguiente sede: Rio de Janeiro.

Sigo con la recolección de imágenes, en la siguiente publicación platicaré de nuestra llegada a Rio de Janeiro con nuestro segundo anfitrión y el camino a la segunda sede de México: Fortaleza. Muchas gracias por leer el blog, espero siga siendo de tu agrado.

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